jueves, 19 de junio de 2014

El bloqueo contra Argentina

por Damián Selci

Se extinguió la promesa capitalista: no se puede “estar en el mundo” y a la vez ser un país no-neoliberal. No hay forma de “ser un país serio” en términos occidentales sin firmar la rendición. El arreglo con el Club de París representó un claro ejemplo de la vía heterodoxa que había tomado nuestro país. Para demostrar que no somos unos trasnochados maximalistas de otra época, nos sentamos a negociar; para demostrar que no aceptamos injerencia en los asuntos internos, exigimos la salida del FMI de la ronda de negociaciones. Pagamos la deuda, pero no entregamos el manejo de la economía. El éxito resonante de la jugada abría una grieta en la hegemonía neoliberal. El fallo de Griesa la cerró.

Así como Cuba padece un bloqueo económico, Argentina es víctima de un bloqueo financiero. Un castigo clásico para los que no se comportan como lo espera el sistema capitalista internacional. Pero existe una diferencia, nada menor: en Cuba no hay una democracia en el sentido liberal-republicano de la palabra –razón por la que sus grilletes económicos se ven respaldados por una especie de fundamentación moralista: dado que “en Cuba no se respetan los derechos humanos”, entonces se justificaría asfixiarla económicamente, para que su mal ejemplo no cunda... El argumento es obviamente perverso, pero al menos invoca valores universales, como la democracia y la libertad. En contrapartida, la posición liberal deja entrever una promesa implícita, que se podría redactar del siguiente modo y forma parte esencial de su credo: “todo país democrático formará parte de Occidente”.

Una bella promesa, sin dudas, dotada de un perfume filosófico moderno –pero se acaba de evaporar para siempre: en Argentina hay democracia, igual que en cualquier país “serio”, y no obstante se la castigará como si estuviese gobernada por un régimen extremista anti-Occidente. De 2003 en adelante, Argentina no violó ningún tratado internacional, no declaró guerras, no desarrolló armas nucleares, tuvo elecciones con regularidad, no encarceló dirigentes opositores, pagó las nacionalizaciones de sus empresas, se aprestó a cancelar sus deudas. Una conducta pulcra en los dos frentes. Evidentemente no bastó, porque nada basta. El bloqueo llegó de todas formas: sin razones, sin legitimidad, de forma escandalosa, vejatoria, criminal, increíble. Al final era mentira que se podía tener soberanía política dentro del capitalismo mundial. Se nos prohíbe el crédito, aunque honremos las deudas. Somos parias internacionales aun si pagamos. La escena pertenece a la tragedia griega, ya que estamos condenados desde el principio, fatalmente predestinados a ser inaceptables, "incorregibles"... El fallo de Griesa es claro: no hay ninguna manera de integrarse al concierto de las naciones soberanas occidentales. La soberanía es posible, pero “afuera del mundo”. Adentro no. Sólo quedaría optar entre ser una colonia o ser Cuba.

¿Acaso desconocen las consecuencias del fallo sus promotores políticos, sus operadores judiciales, los lobbistas internos y externos, en suma, el establishment mundial? Por supuesto que no. Pero evidentemente prefieren un “país aislado con soberanía”, tirando piedras desde afuera, antes que “un país integrado con soberanía” que haga sus peticiones por las vías institucionales. Los motivos de esta predilección parecerán oscuros en una primera ojeada. Sin embargo, podemos echar algo de luz si consideramos los cambios de la geopolítica mundial a partir de la caída del Muro. Luego de una década de oro neoliberal, la hegemonía norteamericana comenzó un proceso de erosión. Y no por errores de su diplomacia. Ocurrió otra cosa, más “objetiva”: Rusia y China, antes países comunistas y por lo tanto “aislados” del mundo occidental, abrieron sus economías. En pocos años empezaron a competir con las demás naciones. China viene creciendo hace ya una década; Rusia acaba de imponerse a EEUU en Siria y en Crimea. Ambos países integran el BRICS y han firmado el último mes un convenio gigantesco de comercio de gas, por un valor de 400 mil millones de dólares durante 30 años. El dato es que la moneda en que se rubricó dicho intercambio no será el dólar, sino el rublo (porque China compra y Rusia vende). Esto significa sencillamente que la operación comercial más grande del siglo no se hará en moneda estadounidense… Dos países que se hallaban “fuera del mundo” en el siglo XX están desplazando, a principios del siglo XXI, a la superpotencia más poderosa que se haya conocido en la modernidad. El capitalismo imperialista pudo derrotar a los enemigos externos, a la URSS, pero no puede doblegar a la Rusia de Putin y la China del socialismo de mercado. Así que todo indica que no es deseable que surjan nuevos enemigos internos, nuevos “competidores”. Es preferible una Corea del Norte, aislada política y financieramente, segregada de todos los encuentros entre países, antes que una Argentina que se niega a dar pretextos para ser expulsada de la mesa del mundo occidental.

Con insuperable nitidez, Cristina Kirchner ha planteado el problema en términos políticos. El resto de la dirigencia no se atreve a pensar, y se aferra a la ilusión. Scioli, Macri, Binner, Massa, promueven el pago inmediato de la sentencia, como si ello no implicara voltear la reestructuración y provocar un default, no ya técnico sino real. El esfuerzo que emplean en sostener la utopía de que “esto se arregla negociando con los buitres” (lo que contraría todos los datos de la realidad) se explica porque la hipótesis de gobierno de todos ellos “era” el endeudamiento externo.  Era. Si el fallo representa una muy mala noticia para el país, para el programa económico de los Redrado, Lavagna, Melconian, Sturzenegger, es un mazazo fulminante contra el cual no hay defensa. Once años gobernó el kirchnerismo sin endeudarse; sin endeudarse, la oposición probablemente no resista once meses. ¿Cómo gestionar sin cobrar impuestos al poder económico y, a la vez, sin tomar deuda? Por otro lado, dentro el neoliberalismo, el fenómeno llamado “mundo” agota su concepto en esta sola expresión: “acceso al crédito externo”. Así han quedado las cosas. Un bloqueo pende como una espada sobre el corazón de la economía nacional. Como dicen algunos, “somos Cuba”, pero por decisión de un juez neoyorquino de primera instancia. Quizá nos encontremos ante una lección de la historia. Más allá de cómo termine el caso, todo hace pensar que hemos probado las reglas del sistema, y se rompieron.



3 comentarios:

elmarta dijo...

Sigo pensando que en el caso de estados unidos quizás sus acciones hiper-calculadas pusieron en jaque su propio destino. Un tablero de ajedrez donde de repente cambiaron algunas de las reglas y posibilitaron nuevos horizontes. Y, no sería interesante ver en los proximos años el rebote y la torpeza de su accionar plasmado en acciones como estas? (intercambios fuera del mundo habitual del dolar y los estados unidos).

Anónimo dijo...

Vos le darías préstamos a una empresa que no revela el estado de sus cuentas? Invertirías en una empresa que oculta todos sus índices?

Anónimo dijo...

Lo qu eme da pena es que ni siquiera durante la "decada ganada" no podamos fabricar un vagon de ferrocarril para ir restableciendo nuestro tren ,sin embargo vienen los chinos con sus vagones y ha cambio le damos productos con 0 valor agregado ( parece la de las aceitunas del carlos) Cristina firma el pais agrario . La lucha con los fodos buitre se plantea con trbajo genuino y salarios acordes no con Saladas y saladitas , es una pena gastar las banderas a mano de Sras Conservadoras el tiempo ya pasó y se despedicio una oportunidad unica , bueno es el peronismo que más , como dijo La Sra abogada Exitosa Somos capitalistas no lo olvides.